21 de marzo de 2011

Curiosidades de la etimología (IV)

  ORIGEN DE LA CESÁREA

La raíz de la palabra es casi con certeza el verbo caedo: cortar, hacer una cisura. La frase “a matre caesus” (“cortado de su madre”) se usaba en Roma para describir la operación. La cesárea era una medida desesperada para tratar de salvar al niño cuando la madre moría o estaba a punto de hacerlo. 

La etimología real del nombre César (un apellido mucho más antiguo) no está relacionada con la anterior, pero una etimología popular muy temprana inventó la historia del nacimiento de Julio César por este procedimiento para poder sugerir que su nombre se derivaba del verbo. Hoy en día se descarta esto, por cuanto la mortalidad para la madre ante esta operación era de casi el 100% hasta hace pocos años y es un hecho conocido que la madre de Julio César sobrevivió a dicho parto. Julio César nació en el año 100 antes de Cristo y Aurelia Cotta, su madre, murió en el 54 antes de Cristo llegando incluso a cuidar de sus nietos.

La ley romana prescribía que el procedimiento debía llevarse a cabo al final del embarazo en una mujer moribunda con el fin de salvar al bebé. La ley se llamó lex caesarea, y este término puede ser el origen del nombre. Sin embargo, el título de la lex caesarea debe de estar influido por la leyenda del nacimiento de César, porque la forma caesarus no puede ser derivada directamente de caesus sin alguna interferencia de Caesar. Hay un precedente para esta ley en la Lex Regia, de Numa Pompilio (715-673 a.C.), segundo rey de Roma tras Rómulo. En ella se decretaba que: “Si mater pragens mortua fuerit, factus guam primun caute extrabatur: ac, si vivus fuerit baptisetur”, lo cual prohibía enterrar a mujer que muriera estando embarazada, sino que había que extraerle el feto para que pudiera salvarse su alma.

En alemán se dice Kaiserschnitt (literalmente, «el corte del emperador»), sin duda proveniente de forma directa de la leyenda del nacimiento de Julio César. De igual modo, los términos en japonés y coreano significan literalmente “incisión del emperador”.

13 de marzo de 2011

El impuesto sobre la orina

Moneda de Vespasiano
En el año 70 de nuestra era, el emperador Vespasiano instituyó un impuesto sobre la orina recogida en las letrinas públicas de Roma. Esta orina era una materia prima de importancia en el curtido de pieles, así que lo que se gravaba era el mercado mismo de curtidores. Su hijo y sucesor Tito Flavio le recriminó su mezquindad por cobrar la orina.

Cuando Vespasiano recogió la primera remesa de impuestos, regaló a su hijo una bolsa llena con los sextercios recaudados que éste aceptó gustoso. Entonces el emperador le recordó su recriminación y le espetó "percunia non olet", el dinero no huele. Desde entonces no importan los orígenes del dinero o del poder.

Lo cierto es que Vespasiano tuvo bastante apego a recaudar impuestos directos ("Tributum") e indirectos ("vectigal"), para costear las obras faraónicas del Estado, como el Coliseum de Roma, que no llegó a inaugurar.

"En la antigua Roma curtidores y bataneros utilizaban la orina en sus oficios, ya que es un potente blanqueador (por cierto, se utilizaba también para blanquear los dientes, y no sólo la orina propia) y quita las manchas de grasa. Pues bien, Vespasiano gravó con un impuesto a estos profesionales para permitirles depositar recipientes a las entradas de los urinarios públicos y vaciarlos después.
Su hijo Tito (Livio) se lo reprochó, pero Vespasiano le puso ante las narices la suma que había obtenido del primer pago de este impuesto y le preguntó si le desagradaba el olor; y al responder Tito que no, replicó: "Pues ha salido de la orina"
(Suetonio: "Vida de los doce Césares", VIII. Cap. 23, 3)

Lavandería (Pompeya)

Baños públicos (Ostia)

Símbolos paleocristianos


El crismón es un símbolo que contiene las dos primeras letras de la palabra "Cristo" en griego (Cristov"). También puede tener las letras griegas Alfa y Omega relacionadas con la siguiente frase tomada del Apocalipsis (22,13) y referida al Señor: "Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Último, el Principio y el Fin".
Cada inicial de la palabra “pez” en griego antiguo se correspondía con el siguiente significado: "Jesús", "Cristo", "de Dios", "Hijo", "Salvador".
 
 













El Buen Pastor recuerda a la parábola de la oveja perdida (Lc 15, 3-7) o a las palabras de Jesús que se identifica como Buen Pastor (Jn 10, 1-16). El símbolo representa a Jesús como Salvador siendo la oveja el alma salvada por Él. Es la imagen que más aparece en las catacumbas, en los sarcófagos y en las inscripciones sepulcrales.
El orante o la orante es una figura con los brazos abiertos y representa la imagen del alma en el estado feliz después de la muerte, es decir, el alma en la Paz divina.
El ancla significa la esperanza en la promesa de la vida futura. “Tal esperanza (el cumplimiento de las promesas hechas por Dios) es como el ancla firme y segura de nuestra vida” (Hebreos 6, 19). El ancla también hacía alusión a la cruz.

La paloma con el ramo de olivo en el pico es el alma en la Paz divina.
La palma de la victoria, que se entregaba a aurigas y gladiadores vencedores, se convierte en el cristianismo en la señal de los mártires que han vencido con el derramamiento de su sangre y por eso se les concede el premio eterno.
La paloma con una corona triunfal en el pico es símbolo del alma que ha alcanzado el premio de la vida eterna.
La nave significa el viaje hacia el puerto de la eternidad sobre el que brilla un faro que le ilumina el camino. El faro es la luz de la fe que conduce con seguridad a la patria celestial.
El ave fénix era un ave que decían que renacía de sus cenizas y que los cristianos utilizaron como símbolo de la resurrección.
El pavo real es el símbolo de la inmortalidad del alma. Se pensaba que su carne era incorruptible.

6 de marzo de 2011

En recuerdo del Centauro Quirón

En el Parque Grande de Zaragoza, Pascual Salaverri concibió un conjunto escultórico en el que, junto al Doctor Cerrada, aparecía este personaje de la mitología griega, hijo de Cronos y de Filira, médico y cirujano como Cerrada, y reputado por su sabiduría y prudencia. Las dos obras estaban unidas por un pedestal en el que manaba una pequeña fuente (alegoría, a su vez, de las obras de saneamiento que emprendió el Doctor Cerrada en la ciudad). El centauro original, en piedra, sufrió diversas mutilaciones a lo largo del tiempo, producto del vandalismo. El que se ha instalado ahora es una copia en bronce, obra de Frank Norton.

Estatua original, de Pascual Salaverri (1921)


Réplica de Frank Norton


Conjunto escultórico de Quirón y el Dr. Cerrada

5 de marzo de 2011

Ciudadanos romanos para la historia (V)

  Quinto Sertorio


Fundación mítica de la Univ. de Huesca
A principios del siglo I a.C. se enfrentaron en una lucha despiadada por un lado Cayo Mario, que a la postre sería tío abuelo de Julio César, y por el otro Lucio Cornelio Sila, el más inteligente de los representantes de la rancia aristocracia romana. Durante varios años, dirimieron sus diferencias hasta que en el 83 a.C, Sila desembarcaba en Italia, inaugurando la dictadura más sangrienta de la historia republicana de Roma. El legatus de Mario, Quinto Sertorio, siguió la guerra contra Sila en España por su cuenta. 

25 de febrero de 2011

Curiosidades de la etimología (III)

  DE CÁLCULOS Y CUENTAS

Del latín calculŭs, 'guijarro', 'piedrecilla', Antiguamente se utilizaban para contar o realizar operaciones con ábacos, instrumentos de cálculo que utilizan cuentas que se deslizan a lo largo de una serie de alambres o barras de metal o madera fijadas a un marco para representar las unidades, decenas, centenas, unidades de millar, decenas de millar, centenas de millar, etcétera. 
Todavía hoy se usa la palabra cálculo para llamar a las piedras que se forman en algunos órganos del cuerpo como el riñón.
A su vez, el verbo contar viene del latín computare, del que proviene el cultismo computar. Lo curioso es que también dio lugar en  castellano a cuenta, 'bolita ensartada', por aquello de que las bolitas del rosario católico servían para llevar 'la cuenta', con lo que se cierra el círculo: de cálculo, cuenta del ábaco, vino el cálculo matemático; y de la cuenta matemática, la cuenta como abalorio.



20 de febrero de 2011

Ciudadanos romanos para la historia (IV)

  M. Curcio

 

Según la leyenda, transmitida por diversos autores, con especial importancia de Tito Livio, en los primeros tiempos de la República se habría abierto un gran agujero en el Foro, hoy pequeño, rellenado y pavimentado, pero entonces un gran sima imposible de rellenar con tierra por los romanos. El oráculo dictaminó que la única forma de rellenar aquel gran agujero era sacrificando lo más valioso de la República.

23 de enero de 2011

Ciudadanos romanos para la historia (III)

  Horacio Cocles

 

Finalizada la monarquía (s.VI a.C.), un grupo de jóvenes pretendía que Tarquinio el Soberbio, último rey, regresara al trono y para ello tramaban una conspiración. Los rumores de golpe de estado llegaron a oídos de Bruto, que inmediatamente mandó arrestar a los conspiradores, entre los que estaban dos de sus hijos. Bruto se ganó el respeto y la confianza del pueblo haciendo ajusticiar a sus propios hijos.

19 de enero de 2011

La Roca Tarpeya

Denario que representa el final de Tarpeya
La roca Tarpeya es uno de los símbolos míticos de la historia de Roma, que encarna a la perfección el trato duro e inmisericorde que se dispensaba a los traidores.

Según la leyenda, cuando Tito Tacio atacó Roma tras el rapto de las Sabinas, la virgen vestal Tarpeya, hija de Espurio Tarpeyo, gobernador de la ciudadela de la colina Capitolina, traicionó a los romanos abriendo las puertas de la muralla. El motivo de tal traición fue su avaricia: A cambio, pretendía obtener lo que los sabinos "traían en sus brazos izquierdos"... ella no esperaba que los sabinos, no admitiendo en ningún caso la traición, a pesar de ser en su propio beneficio, en lugar de brazaletes de oro, la “obsequiaron” con golpes de sus escudos que acabaron aplastándola hasta la muerte. Otra versión, aunque con el mismo final, ofrece como móvil de Tarpeya su enamoramiento de Tito Tacio. 


La Roca Tarpeya capitolina, en la actualidad
Su cuerpo fue arrojado al vació desde la roca que aún hoy porta su nombre, una pendiente escarpada junto a la cima sur de la colina Capitolina, con vistas al antiguo foro. Con el tiempo, la roca Tarpeya se convirtió en el lugar de ejecución para los más destacados traidores de Roma. Pero, a pesar de todo, los sabinos fueron sin embargo incapaces de conquistar el foro, con sus puertas milagrosamente protegidas por chorros de agua creados por Jano.

En la ciudad de Toledo, entre el mito y la realidad, se cuenta que los romanos impusieron sus leyes, costumbres y, según los cristianos, su pagana religión en el s. IV. Daciano ordenó poner fuera de la ley y despojar de sus bienes a los cristianos, así como proceder a la destrucción de las iglesias y quemar sus libros sagrados. A todos aquellos que no reconocieron a los dioses romanos se les condujo a las lúgubres mazmorras de la cárcel de la ciudad, situada en el peñasco hoy conocido como la Roca Tarpeya, muy cerca del Paseo del Tránsito. Los que tuvieron la desgracia de ser condenados a muerte eran lanzados, imitando a lo que se hacía en la Roca Tarpeya romana, desde el peñasco al abismo que da al río Tajo, por lo que su muerte era segura.

Roca Tarpeya, en Toledo (España)

16 de enero de 2011

De la fortaleza que fue tomada gracias a unos caracoles

Un soldado ligur del ejército de Cayo Mario, buscando caracoles, encuentra un camino para rodear al enemigo. En un asedio muy difícil y tras meses de intentar un asalto frontal a una fortaleza situada en lo alto de un monte escarpado, la solución se la brinda a Cayo Mario un puñado de caracoles...


Texto de Sexto Julio Frontino (s. I d.C.), de su obra Stratagemata (cap. IX):

"En la Guerra de Yugurta, Cayo Mario se encontraba en un tiempo sitiando una fortaleza situada cerca del río Mulucha. Estaba en una eminencia rocosa, accesible por un lado solo por un camino estrecho, mientras el otro lado, como si fuera por un diseño especial, era precipicio. Resultó que cierto ligur, un soldado común entre los auxiliares, había salido para conseguir agua, y, mientras juntaba caracoles entre las rocas de la montaña, había alcanzado la cumbre. Este hombre informó a Mario que era posible subir a la fortaleza. 
En consecuencia, Mario envió unos centuriones en compañía de sus soldados más rápidos, incluso también los trompeteros más hábiles. Estos hombres fueron con la cabeza descubierta y descalzos, de modo de poder ver mejor y caminar más fácilmente sobre las rocas; sus escudos y espadas fueron sujetados a sus espaldas. 
Dirigido por el ligur, y ayudados por correas y bastones con los que se apoyaban, subieron hasta la retaguardia de la fortaleza, que, debido a su posición, estaba sin defensores, y luego comenzaron a hacer sonar sus trompetas y hacer un gran alboroto, tal como les habían previamente instruído. 
A esta señal, Mario, animando firmemente a sus hombres, comenzó a avanzar con furia renovada contra los defensores de la fortaleza. Éstos fueron retirados de la defensa por el pueblo, que se había desanimado bajo la impresión de que la ciudad había sido capturada por la retaguardia, de modo que Mario pudo seguir adelante y capturar la fortaleza" 

  (Capítulo narrado también por Cayo Salustio en "La Guerra de Yugurta", 92-94)